At. Madrid campeón de la Copa del Rey Española

Atleti campeon copa
Si el cielo de los colchoneros existe, debe ser muy parecido a lo que se han encontrado miles de ellos este viernes en el Santiago Bernabéu. Varios jugadores rojiblancos acabarion llorando y, qué quieren que les diga, no es para menos. 14 años y 25 derbis después, el Atleti logró derrotar a su leviatán blanco y lo hizo cuando el premio era más goloso, en toda una final de Copa en territorio enemigo, para que la celebración siente mejor. Si a esto se añade el más que posible adiós de Mou, que se marcha así por la puerta de atrás tras un campaña mediocre, comprenderán que los colchoneros lloren, canten, beban y recen a todos los santos.

Santos que se aliaron con los hombres de Simeone en varias acciones puntuales del encuentro, porque el Madrid se estrelló hasta tres veces con la madera con empate a uno en el marcador. Suerte, dirán algunos, pero fortuna, al fin y al cabo, que hay que buscar con denuedo cuando te enfrentas a un rival de mayor jerarquía. Se mire como se mire, el mérito de los rojiblancos es enorme, porque equilibraron la balanza con corazón, casta y mucho oficio.

Oficio que salió a relucir en la prórroga, cuando el Madrid veía fantasmas hasta en su banquillo. El 1-2 llegó en el momento preciso, aunque aún fue necesario que Courtois destapara el tarro de sus esencias, en dos postreras paradas a Higuaín y Özil, para que Gabi agarrara la Copa con sus dos manos.

El partido tuvo una lectura fácil. El Madrid vio puerta a las primeras de cambio -cabezazo de Cristiano a un córner botado por Özil- y luego se dedicó a sestear esperando rematar la faena en alguna contra. Mal hecho. Entre otras cosas, porque el rival no es manco y siempre se puede esperar un chispazo de hombres como Falcao, Arda o Diego Costa. Luego tocó reconducir el encuentro, pero ni la fortuna ni el acierto estuvieron de parte del conjunto merengue.

Cierto es que Özil, Benzema y Cristiano estrellaron sendos disparos en los postes y que Juanfran sacó bajo palos un remate de Özil que ya se cantaba como gol, pero al Madrid le faltó cierta ambición en el tramo final del tiempo reglamentario, cuando la amenaza de la prórroga acechaba a la vuelta de la esquina. Fue el Madrid de altibajos que tan bien conoce su afición desde que el Mou se sienta en su banquillo.

Se mire como se mire, el mérito de los rojiblancos es enorme, porque equilibraron la balanza con corazón, casta y mucho oficio
El gran mérito del Atlético fue aguantar de pie todo el partido, incluso tras el tanto inicial del Madrid. Si a eso se le añade su extraordinaria efectividad, se entiende que acabara por desquiciar a más de uno. El tanto del empate, obra de Diego Costa tras una fantástica jugada de Falcao, demostró a propios y extraños que esta vez la historia sería distinta, que no habría alfombra roja al vecino como tantas otras veces.

Las mejores ocasiones rojiblancas llegaron en la prórroga, cuando las dudas asaltaban al rival. Eso dice mucho del Cholo y su extraordinario trabajo de motivación con una plantilla templada a fuego lento. Miranda cabeceó a las mallas un gran centro de Coke al primer palo pero antes ya había podido marcar Diego Costa en una doble ocasión desbaratada por Diego López.

El 1-2 acabó por descentrar a un Madrid muy nervioso. Cristiano agredía a Gabi tras una falta de éste y enfilaba los vestuarios con seis minutos por jugar. La acción provocó una tangana con los protagonistas habituales y el encuentro se detuvo hasta cinco minutos. En el impás, Courtois recibía un impacto en la cabeza y debía ser atendido. Vamos, todo aquello que sobra en un partido como éste.

El tanto del empate demostró a propios y extraños que esta vez la historia sería distinta, que no habría alfombra roja al vecino como tantas otras veces
Luego llegaría el estridente espectáculo de Di María reclamando un penalti inexistente por mano de Mario Suárez y las quejas de un banquillo que aportó mucha más frustración que soluciones al encuentro. Eso sí, Mou ya se había ido a la calle a los 76 minutos por sus reiteradas protestas a Clos Gómez.

Gabi también se fue expulsado por doble amarilla en el último minuto de la prórroga, pero la fiesta ya era total en las filas rojiblancas y el detalle pasó casi inadvertido.

No era para menos. El Atlético ganaba su particular Décima en casa del vecino y sellaba una temporada fantástica. La racha toca a su fin y sabe más dulce que nunca. Las lágrimas, repetimos, están justificadas. ¡Felicidades!
Fuente: marca.com

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