El Madrid mete presión al Barcelona con su victoria


Santander queda ya muy lejos. Aquello resultó una obra romántica y, probablemente, única. Ante el Hércules asomó un Madrid de bolero más que de salsa y al partido se le cayeron los párpados durante muchas fases. Decidió el acierto de Benzema, que firmó los dos goles y lleva 17 en los últimos tres meses, la mayor velocidad punta que se le conoce, en un partido de descanso activo para un Madrid que aguarda nervioso y confiado al Lyon. Para tranquilidad de Mourinho, el equipo también es capaz de jugar sin brillo cuando no está Cristiano.

Con Granero y Lass en el centro, el equipo perdió cintura y dominó con sosería a un Hércules valiente, bien manejado en tiempo y forma por Farinós y largo por estribor, con Juanra y Femenía, en la primera parte. Entonces le discutió al Madrid las ocasiones y se fue al descanso pensando que tuvo el empate ante sus narices.

Fue para el Madrid un partido de entreguerras y se notó. La cosa anduvo en ganar sin gastar. Y Özil, el futbolista que cambia la percusión por la música de cuerda, estuvo en contadas ocasiones en el centro de operaciones, aunque un pase suyo se filtrara entre dos líneas del Hércules y acabase en las redes de Calatayud, con autoría sencilla de Benzema y pase oportuno de Arbeloa. Fue el 1-0, una cucharada de tiqui-taca. Pero el Madrid no tuvo amplitud ni profundidad. La esforzada conducción de Di María acabó en ninguna parte. Adebayor fue pico y pala sin acierto. Y Marcelo, no se sabe si por timidez u obediencia, tuvo menos recorrido que Arbeloa, un mal indicio.

El 1-0 no fue ni un paréntesis. El Madrid no llevó a su adversario a las cuerdas para terminar la pelea y el Hércules tampoco ofreció una reacción rabiosa, aunque quemara dos ocasiones en un minuto. Casillas se merendó a Thomert y Femenía. Al otro lado del partido, pasó una primera mitad tranquila Calatayud, que sólo tuvo que sacar una mano tras cabezazo franco de Adebayor y llegó con el tiempo justo para asustarse ante una falta ejecutada por Granero, ayer lanzador de guardia. El miércoles vuelve Cristiano y se acaban las oportunidades.

El regreso del descanso ofreció diez minutos de acción. Un bote pronto de Adebayor, que arrancó en fuera de juego, raspó el larguero. Respondió con menos contundencia Portillo y Benzema lanzó el esprint final con un control más remate a la altura del de Messi ante el Arsenal, salvado por Calatayud, y una arrancada desde la izquierda abriéndose ángulo para buscar, y encontrar, el 2-0 en el palo contrario.

A partir de ahí, Mourinho fue quitándole filo al equipo, especialmente con la entrada de Khedira, y nadie fue capaz de reanimar al Hércules, entonces cautivo y desarmado. Aun así, el Bernabéu esperó pacientemente un gol de Adebayor, premio de consolación a su esfuerzo, pero el togolés tartamudeó demasiado en el momento de la verdad. No estuvo, pero tampoco le necesitó el Madrid.
Leido en As.com

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