El Barcelona impresiona, el Real Madrid decepciona


El FC Barcelona bate los registros de la ‘era Guardiola’ marcando el mejor inicio goleador con Pep en el banquillo. Esta temporada, tras las goleadas a Villarreal y Osasuna, el conjunto azulgrana ha sido capaz de perforar la portería hasta en quince ocasiones en tan sólo tres partidos.

Durante la primera temporada, el equipo de Pep marcó siete goles sobre todo gracias al 1-6 que consiguió en El Molinón ante el Sporting después de un arranque dubitativo ante Numancia (1-0) y Racing de Santander (1-1).

En la segunda temporada de Guardiola al frente del equipo, los números fueron mucho mejores. Los azulgranas ganaron por 3-0 al Sporting y por 5-2 al Atlético de Madrid en el Camp Nou y endosaron un 0-2 al Getafe sumando diez goles a favor.

El rendimiento azulgrana bajó en la tercera temporada. La pasada campaña tan sólo se sumaron cinco goles a favor, todos ellos lejos del Camp Nou ante el Racing y el Atlético de Madrid.

En el actual curso, el ritmo goleador ha sido frenético con el 5-0 al Villarreal, el 2-2 contra la Real Sociedad, y el 8-0 endosado a Osasuna. El ataque azulgrana funciona y el Barça sigue rompiendo todos sus registros.

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El Real Madrid cayó ante el Levante, en un partido en el que exacerbó todos sus defectos. Los blancos parecieron regresar al principio de la temporada pasada, en la que se dejaron dos puntos en ese mismo estadio. Esta vez fue incluso peor ante un Levante que apenas pasó apuros para llevar el partido a su terreno y volver a frustrar a un Madrid que se deja algo más que el liderato en el Ciutat de Valencia.

Poco se vio en el estadio del Levante de aquel Madrid vigoroso que estuvo a punto de asfixiar al Barça en la Supercopa. Menos aún del equipo exuberante que arrasó La Romareda. El equipo se pareció más al que titubeó ante el Getafe o al que padeció ante el Dinamo, aunque en esas dos ocasiones al menos salvó el resultado. Esta vez, ni eso.

El partido ofrecerá argumentos al discurso de José Mourinho. Los jugadores del Levante calentaron a los blancos dramatizando no ya el contacto, sino -en varias ocasiones- la mera proximidad. Khedira no debió irse a la calle. Y hubo un penalti que no se pitó. De hecho, en vivo nadie lo vio. Aunque lo fue.

Antes de la expulsión de Khedira, el Madrid, sin Cristiano ni Özil y con un fantasmal Kaká, andaba ya medio desquiciado. Acabó desquiciado del todo
La expulsión de Khedira puede ser señalada como punto de inflexión del partido. Todo nació de una falta sobre De María no señalada. El argentino se tomó la justicia por su mano, pero lo peor no fue su reacción, sino el lamentable fingimiento de una agresión ante un gesto que apenas entra en la categoría de cachete. Di María -y un asistente muy corto de vista- armaron la trampa en la que Ballesteros atrapó a Khedira, que fue el menos listo de todos. O el más honesto, porque en esto ya no se sabe.

A esas alturas, el Madrid andaba ya medio desquiciado. Mourinho había reservado a Cristiano y recetó una de banquillo a Özil, que venía de un par de malas actuaciones. Una vez más, los recambios no estuvieron a la altura. Ni Coentrao, que empezó de extremo, jugó un rato de mediocentro y acabó de lateral izquierdo, ni Kaká, que sigue dejándose jirones de su cada vez más remoto prestigio. Al Levante, como a muchos equipos modestos la pasada temporada, le bastó con mantener ordenadas sus líneas para reducir al Madrid a un equipo plano y previsible. La posición inicial de Coentrao limitó a Marcelo, y Benzema, sin la compañía de Ronaldo y hasta la peor versión de Özil, fue una sombra de sí mismo. Tuvo la mejor ocasión del Madrid, un remate franco tras una pésima salida de Munúa, que le sacó un defensa bajo palos.

En superioridad, el Levante disfrutó de una segunda parte inesperadamente plácida. No le inquietó un Ronaldo que pareció aburrido, ni un Higuaín bloqueado, ni un Özil apagadísimo. Además, los locales encontraron el gol en una contra, la suerte que mejor domina el Madrid, cuando el partido empezaba a romperse. La jugada llegó por la banda de Valdo, muy activo en defensa y en ataque, al que dobló Javi Venta, aprovechando un contrapié de Marcelo. El pase atrás lo empotró en la red Koné.

No hubo respuesta futbolística del Madrid, que volvió a ver desfilar a todos sus fantasmas. Otra vez un modesto le daba un disgusto, otra vez se sentía esquilmado por un arbitraje, otra vez volvía a evidenciar una alarmante falta de fútbol en el centro del campo. Otra vez Pepe se desquiciaba y se ganaba la roja, como pudo verla Cristiano, mientras Ballesteros se transfiguraba en Beckenbauer, Aranda amagaba con el segundo y los de azulgrana seguían adornando el más mínimo contacto. Todo ello acabó reduciendo a la nada a un Madrid que fue también, conviene no olvidarlo, víctima de su propia crispación.

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